Detrás de la imagen: AfriKaldia 2026
Imagen original elegida por el festival.
Hay fotografías que nacen sabiendo exactamente lo que quieren contar. Y hay otras que me interesan precisamente porque se niegan a hacerlo. La imagen que este año se convierte en el cartel de AfriKaldia, Festival Vasco de Cines Africanos, pertenece a este segundo grupo. Vemos a dos personas abrazándose. Pero no sabemos qué relación existe entre ellas. Pueden ser hermanos. Amigos. Una pareja. Quizá se están reencontrando. Quizá se están despidiendo. No lo sabemos. Y precisamente ahí estaba una de las cosas que más me interesaban cuando construimos esta imagen: no contar toda la historia. Como ocurre en el cine, una imagen puede enseñarnos únicamente un fragmento y dejar que seamos nosotros quienes imaginemos qué ocurrió antes y qué sucederá después.
Un abrazo que no lo explica todo
Hay algo que me interesa especialmente en la posición de ella. Está abrazándole. Su mano le sostiene, pero su mirada está fuera del abrazo. Está presente y, al mismo tiempo, parece estar pensando o mirando hacia otro lugar. Eso me lleva inevitablemente a algo que he observado muchas veces: el papel de las mujeres negras como sostén afectivo, familiar y comunitario. Pero no quería representarla simplemente como «la mujer que sostiene». Ella tiene su propia presencia. Su propia mirada. Y quizá también su propia historia, una que la fotografía no nos permite conocer del todo. Para mí era importante conservar esa ambigüedad.
Un peine que habla de mi padre
Después está ese pequeño elemento que sobresale entre el cabello y que puede pasar casi desapercibido: el peine afro. Para mí no es un accesorio. Es un guiño personal a mi padre, pero también a una iconografía mucho más amplia. El peine afro habla de identidad, orgullo y resistencia. Ese puño que tantas veces aparece en su diseño lleva consigo una historia que trasciende el objeto. Me interesaba introducir todos esos significados en la fotografía sin convertirlos en el centro evidente de la imagen. Que estuvieran ahí para quien quisiera encontrarlos.
El hiyab también fue una decisión
La elección de que ella llevara hiyab tampoco fue casual. Durante demasiado tiempo, las mujeres musulmanas han sido representadas desde fuera a través de una mirada cargada de prejuicios. El velo se convierte constantemente en «el problema», como si una prenda pudiera explicar por sí sola la identidad de una mujer. Aquí no quería que explicara nada. Quería que simplemente formara parte de ella. Sin convertirlo en conflicto. Sin utilizarlo como exotismo. Sin necesitar justificar su presencia. Porque normalizar una imagen también puede consistir en dejar de pedirle que se explique.
Euskadi dentro de la imagen
También hay pequeños guiños a Euskadi. Los tonos rojos y verdes aparecen deliberadamente dentro de la fotografía como una referencia cromática a la ikurriña. Para mí tenía sentido introducirlos porque mi relación profesional con Euskadi viene de lejos. Una parte importante de mis primeros pasos como fotógrafo estuvo vinculada a esta tierra y, con los años, he encontrado aquí una apertura hacia determinadas conversaciones sobre representación que sigo valorando. Por eso regresar ahora con una fotografía convertida en la imagen de un festival de cine africano tiene para mí algo de círculo que se cierra y, al mismo tiempo, de historia que continúa.
Cartel del Festival de cine Vasco AFRIKALDIA
Cuando una fotografía deja de pertenecerte del todo
Una de las cosas que más me fascinan de trabajar en una imagen destinada a un cartel es observar el momento en que la fotografía deja de ser solamente una fotografía. Otra persona interviene sobre ella. Aparece el diseño. La tipografía. La información. Los logotipos. El formato. La imagen empieza a ocupar paredes, programas, periódicos y espacios que ya no controlas. En este caso tuve la suerte de trabajar junto a una diseñadora que prefiere mantener su anonimato y que convirtió mi fotografía en la identidad visual de esta edición de AfriKaldia. Y me gusta precisamente lo que ocurrió en ese encuentro. La fotografía sigue estando ahí, pero ya no está sola. Ahora pertenece también al festival.
Presentarla en Vitoria
El pasado 24 de septiembre presentamos oficialmente el cartel en Vitoria-Gasteiz. Ver una fotografía en una pantalla o trabajar durante semanas con ella es una cosa. Encontrarla convertida en la imagen pública de un festival es otra muy distinta. Y unos días después ocurrió algo que siempre produce una sensación extraña: abrir un periódico y encontrarte con tu propio trabajo. El Correo dedicó una página a la presentación bajo el titular «Laurent Leger ilumina el cartel del festival de cine Afrikaldia». Pero detrás de ese cartel hay muchas más personas que una fotografía y un nombre.
Quiero agradecer a AfriKaldia la confianza para construir la imagen de esta sexta edición y a todas las instituciones, asociaciones, colaboradores y patrocinadores que hacen posible que un festival dedicado a los cines africanos tenga este espacio en Euskadi. También quiero agradecer especialmente a Itziar y Mary, por el trabajo, el cuidado y la acogida durante todo el proceso; a la diseñadora con la que he trabajado, respetando su deseo de permanecer en el anonimato; y a Fot&Co, que nos abrió las puertas de su espacio para la presentación.
Un cartel puede ser lo que vemos. Pero casi nunca cuenta todo lo que hizo falta para llegar hasta él. Y quizá por eso vuelvo al principio.
Dos personas se abrazan.
No sabemos exactamente quiénes son ni qué ha ocurrido.
La fotografía no nos lo dice.
Prefiero que sea el espectador quien termine la historia.
AfriKaldia — Festival Vasco de Cines Africanos
6.ª edición · Vitoria-Gasteiz
3–9 de noviembre de 2026